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Un mes de viajes, libertad y sueños hechos realidad.

Cuando pienso en el mes de julio, siempre lo siento acogedor, único y poderoso. Su energía se eleva. Viene acompañado de muchas celebraciones especiales, así como de oportunidades para la reflexión. Este año, Estados Unidos conmemoró 250 años de independencia, un hito que nos recuerda el coraje, la resiliencia y la esperanza que han forjado esta extraordinaria nación de valientes inmigrantes.


Para mí, julio me recuerda mi propio viaje. Hace muchos años, llegué a este maravilloso país el 4 de julio con nada más que una maleta llena de sueños y un corazón rebosante de juventud, curiosidad y esperanza. Estados Unidos me ha brindado oportunidades que jamás hubiera imaginado y ha sido fundamental para forjar la mujer que soy hoy. Es una bendición que nunca doy por sentada y siempre estaré agradecida por este camino recorrido.


Hablando de sueños, este mes de julio cumplí uno que llevaba mucho tiempo en mi corazón: visitar Irlanda.


¡Qué país tan mágico! Dondequiera que miraba, veía la obra de Dios revelada en paisajes impresionantes, colinas onduladas en diferentes tonalidades de verde, costas encantadoras y campiñas apacibles. Las paredes rocosas revelan el arduo trabajo y la resistencia del pueblo irlandés, cuya resiliencia está arraigada en cada célula de su sangre. Era mi primera visita, y también un viaje significativo para mi esposo, Mike, quien regresaba por primera vez sin María, su amada esposa fallecida.


Durante nuestro viaje, compartimos momentos preciosos con algunos familiares y amigos de Mike y María, a la vez que creamos recuerdos maravillosos con nuestras hijas. Fue un viaje lleno de amor, recuerdos, risas, emoción y conexión.


Irlanda me recordó algo que solemos olvidar en nuestra ajetreada vida: la belleza de estar plenamente presentes. Su sencillez me invitó a bajar el ritmo, respirar y disfrutar del tiempo que pasé allí. Todas las personas que conocí fueron amables, acogedoras y realmente dispuestas a ayudar. El país era extraordinariamente limpio y tranquilo, con una explosión de flores coloridas que daban la bienvenida a nuestras almas, haciendo que cada experiencia se sintiera aún más mágica en el jardín de la vida.


Durante mi estancia en Irlanda no vi ni sentí la presencia de hadas, pero sí disfruté de la belleza de sus hogares y espacios dedicados a honrar la existencia de seres no físicos. Las singulares leyendas del folclore irlandés perduran en el corazón de muchos de nosotros que aún creemos en el mundo mágico de las hadas, los gnomos y los duendes. Si bien no vi ningún duende con mis propios ojos, tuvimos la oportunidad de conocer las tradiciones de la cultura irlandesa en el Museo del Duende en Dublín, una experiencia inolvidable.


Al reflexionar sobre este mes, recuerdo que la libertad no es solo algo que celebramos como nación, sino también algo que experimentamos personalmente. Es la libertad de soñar, de empezar de nuevo, de vivir nuevas experiencias y de valorar a quienes amamos.


Mi invitación es sencilla: tómate un momento. Conecta con tu corazón. Reflexiona sobre tu camino. Ponte en contacto con alguien a quien quieres. Comparte una comida, una conversación o un paseo tranquilo y agradece el momento.


No hay nada como el momento presente. Es donde crece la gratitud, se fortalecen las relaciones y se encuentran las mayores bendiciones de la vida.



 
 
 

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